Fuera de los campos
Un aspecto muy olvidado en nuestro tiempo, es que no solo había racismo en las acciones, sino también en las palabras, en el día.
Quizá por eso se olvida que compartimos el día con el pasado, y que son nuestros días quizá, un reflejo del pasado. Por supuesto, "nunca volveremos a este punto, al punto de los nazis y los campos de concentración", pero ¿no es el racismo del día a día también nocivo? ¿no fue, en su momento, el antisemitismo de las calles y de las conversaciones, una mecha que prendió el fuego de la intemperie?
Con esto, intento conseguir una conciencia colectiva de las mechas que día a día se van prendiendo.
Y, una vez dicho esto, paso a hablar de un hombre que hizo mucho por esta causa en su momento.
Doy así la bienvenida a este blog al doctor Barnes Rutz
Este doctor no ha pasado a la historia, pero ha hecho mucho por la sociedad y por la humanidad, cosa que no puede decir todo el mundo. Barnes nació y vivió en Anacortes, una pequeña isla en la costa del estado Washington que le permitía ir a Seattle todos los días para trabajar en uno de los más importantes hospitales de la zona, el "Seattle West". Licenciado en medicina y cirugía y, más tarde, doctorado en páncreas, fue un médico con una ambición social muy grande, esto le permitió ascender en su puesto, gracias a los todas las medidas que intento implantar, hasta el puesto de jefe de departamento de cirugía.
Fue conseguido a través de una constante lucha, una lucha que le salió muy cara. Por supuesto, consiguió multitud de avances y de protocolos en el hospital que no se hallaban hasta entonces, pero fue en la lucha social donde su camino se truncó.
Tras años de implementación de medidas de inclusión social. Su constante lucha contra las leyes de Jim Crow (leyes por las cuales se legalizaba la separación de blancos y negros) fue tergiversada por un hecho contra el que no pudo hacer nada.
Quizá por eso se olvida que compartimos el día con el pasado, y que son nuestros días quizá, un reflejo del pasado. Por supuesto, "nunca volveremos a este punto, al punto de los nazis y los campos de concentración", pero ¿no es el racismo del día a día también nocivo? ¿no fue, en su momento, el antisemitismo de las calles y de las conversaciones, una mecha que prendió el fuego de la intemperie?
Con esto, intento conseguir una conciencia colectiva de las mechas que día a día se van prendiendo.
Y, una vez dicho esto, paso a hablar de un hombre que hizo mucho por esta causa en su momento.
Doy así la bienvenida a este blog al doctor Barnes Rutz
Fue conseguido a través de una constante lucha, una lucha que le salió muy cara. Por supuesto, consiguió multitud de avances y de protocolos en el hospital que no se hallaban hasta entonces, pero fue en la lucha social donde su camino se truncó.
Tras años de implementación de medidas de inclusión social. Su constante lucha contra las leyes de Jim Crow (leyes por las cuales se legalizaba la separación de blancos y negros) fue tergiversada por un hecho contra el que no pudo hacer nada.

Su hija.
La necesidad de ese dinero extra para poder pagar ciertas necesidades de las que antes prescindía, hizo que tuviese que recoger cable en algunas medidas. Las leyes Jim Crow, contra las que tanto había luchado entraron en vigor y él se vio con las manos desnudas ante todos los republicanos blancos mandamases a los que el había jurado que, si dejaban "tal segregación entrar por las puertas del hospital", entonces dimitiría en ese mismo instante. Sabemos que medidas a raíz de esas leyes entraron en vigor en ese y muchos hospitales de la zona, sabemos que no dimitió, y sabemos, que Clara Marie Rutz pudo nacer sin complicaciones unos meses antes.
Esto nos lleva a pensar que se retractó, se calló, o simplemente accedió, pero está claro que una persona que había defendido de manera tan ferviente los derechos humanos no puede darse la vuelta así porque sí.
Y no lo hizo.
Por último sabemos que Johnathan Tucker Leeds, sobrino de John Shepperd Leeds, senador republicano estadounidense, entró a trabajar al hospital tres días después de que las leyes entrasen en vigor, tras haber sido negada su entrada por el departamento de cirugía, donde ejercería, al menos 7 veces debido a que acababa de terminar los estudios y tenía poca experiencia. ¿Podría ser que tras bajar la cabeza en esos términos, no tuviese otra opción más que bajarla al completo para poder seguir con su puesto? De manera objetiva nunca lo sabremos, pero si sabemos que tras la mencionada "recogida de cable", nadie se opuso a la entrada de Johnathan al hospital, en el cual operaría a algunos pacientes antes de ser despedido por la muerte de uno de ellos.
Con estos datos, muchos pensaríamos que Barnes es un cobarde. Muchos empatizarán con su situación, cómo no hacerlo. Para aquellos que, quizá porque no se sientan conmovidos por el contexto, no les valga esa "escusa", el doctor Barnes tiene una última palabra.
Y última fue.
Sabemos que unos meses después, varios empleados judíos fueron despedidos y acosados. Muchos sufrieron marginación e insultos. Fue el caso de Andrew Frost, médico estadounidense de ascendencia israelí que, a punto de operar a una paciente, la paciente, al verle, dijo: "No shit, I'll not be touched by this scum. Now, give me another doctor. I'd rather do my own surgery than be touched buy this fucking jew", lo que se traduce en "Y una mierda, no voy a ser tocada por este trozo de mierda, así que, dame otro doctor. Preferiría hacer mi propia cirugía a que me toque este judío de mierda". Testimonios del tipo fueron recogidos en informes de la época en lo cuales se daba la razón del despido de varios médicos de ascendencia judía, por causas muy generales, como "hablar mal". A su vez muchos dimitieron por la presión y emigraron a otros lugares.
Todo esto nos interesa porque, tras haber ocurrido toda esta ola de dimisiones y despidos antisemitas, Leeds, entre ellos, fue uno de los despedidos. A raíz de una denuncia de Barnes, Leeds fue a los tribunales despedido por el hospital que no quería tener relación con tal incidente, podríamos decir que aquí acaba la historia y que las cosas empezaron a cambiar. Pero Barnes fue a su vez también despedido. En el informe, se le acusaba de haber querido ocultar la entrada de Leeds como cirujano, hecho que dio lugar a la muerte de la paciente, y que, con el despido de Leeds, solo intentaba cubrirse las espaldas.
Barnes desapareció de Seattle y empezó a trabajar en un humilde centro médico de Anacortes, donde pudo vivir el resto de su vida.
Llegados a este punto, os preguntareis cómo se todo esto.
Por suerte para mi y la memoria de esta historia, esta historia cayó en mis manos cuando visité la preciosa localidad de Anacortes, donde, orgullosos de su luchador médico, una placa grabada en un monolito en frente del hospital conmemora su nombre entre otros que erigieron el hospital. Picado por la curiosidad, decidí hallar lo que fuera que quedase de este médico. Fue así como conocí a Dylon Dyce Rutz, nieto de Barnes, el cual me contó toda la historia y me enseñó ciertos documentos que su abuelo mantuvo bajo llave. Me contaba como él, nunca habló a su familia de lo sucedido con el despido, pero tiempo después de su muerte, encontraron una caja con candado, ya oxidado, en la que dentro se hallaban todos los documentos de su despido y cierta correspondencia que mantuvo con un hombre llamado Benjamin, del cual sabemos poco más que su nombre. En esta correspondencia se hallaba la siguiente pagina, arrancada de un cuaderno.
Llegados a este punto, os preguntareis cómo se todo esto.
Por suerte para mi y la memoria de esta historia, esta historia cayó en mis manos cuando visité la preciosa localidad de Anacortes, donde, orgullosos de su luchador médico, una placa grabada en un monolito en frente del hospital conmemora su nombre entre otros que erigieron el hospital. Picado por la curiosidad, decidí hallar lo que fuera que quedase de este médico. Fue así como conocí a Dylon Dyce Rutz, nieto de Barnes, el cual me contó toda la historia y me enseñó ciertos documentos que su abuelo mantuvo bajo llave. Me contaba como él, nunca habló a su familia de lo sucedido con el despido, pero tiempo después de su muerte, encontraron una caja con candado, ya oxidado, en la que dentro se hallaban todos los documentos de su despido y cierta correspondencia que mantuvo con un hombre llamado Benjamin, del cual sabemos poco más que su nombre. En esta correspondencia se hallaba la siguiente pagina, arrancada de un cuaderno.
"Esta carta nunca será enviada, no puede ser enviada, es una carta al mundo. A este mundo que, lo he intentado, de verdad que lo intente, pero será asesinado por sus creadores. Estoy lleno de rabia y odio pero también sumido en una profunda tristeza que no puede ser descrita por palabras o dicha siquiera. Siempre he visto la injusticia del mundo, Siempre he sabido en quien confiar y en quien no pensar ni en darle la mano. Pero mis acciones han sido para nada. No (Me he rendido, tras ver que no había nadie en quien confiar, me he rendido y he odiado como odian, con el silencio). Se que la humanidad puede encauzarse, aunque sea por pequeñas acciones. Todos los días pienso en Rusia y no me puedo sacar de la cabeza que este es mi sitio. Me he derrumbado ante las grandes acciones. Mi cambio será local, haré todo lo posible por empezar de nuevo y jamás darme por vencido, desde Anacortes."
"Si alguien lee esto, has de saber, que luché, lucho, y que jamás pararé, especialmente ahora que, verdaderamente, me he dado cuenta de la injusticia. Ahora que he visto la verdaderas víctimas de esta mierda"
"Si alguien lee esto, has de saber, que luché, lucho, y que jamás pararé, especialmente ahora que, verdaderamente, me he dado cuenta de la injusticia. Ahora que he visto la verdaderas víctimas de esta mierda"
El hospital de Anacortes fue uno de los pocos hospitales que no implementó las leyes de segregación que muchos otros implementaron, se admitió a muchos de los médicos que habían sido despedidos en Seattle o que habían dimitido. Esto les causo problemas con diferentes grupos radicales e incluso con sectores de financiación privados, que llevaron al hospital al borde de la quiebra varias veces. Pero a día de hoy, existe una placa conmemorativa con varios luchadores y luchadoras, y ente ellos, el del doctor
Barnes Rutz
Barnes Rutz



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